Qué hacer y qué no hacer como franquiciado

Por Alfonso Riera.

Para discernir sobre el rol de un franquiciado no podemos pasar por alto los clásicos fundamentos basados en que el franquiciado debe haber hecho una buena escogencia de la franquicia en cuanto a sus aptitudes y capacidades financieras; que también debe dar cumplimiento a los preceptos operativos (manuales e instrucciones) que dicta la franquicia, y que debe mantener un compromiso gerencial para con el negocio emprendido. Pero hay otros aspectos que cobran una importancia superlativa de los cuáles poco se comenta:

Un franquiciado tiene realmente una doble responsabilidad, la primera para consigo mismo en cuanto al haber instalado un negocio cuyo éxito o fracaso redunda a su favor o en su contra, al fin y al cabo fue su inversión. Pero la otra responsabilidad ya no es para consigo sino para con todos los demás franquiciados y el propio franquiciante que componen la red de franquicias, que no es más que un colectivo que depende de las gestiones individuales de cada participante (franquiciado), en donde el éxito de uno se convierte en el éxito de todos, pero los fracasos también. Así la mala gestión de un franquiciado afecta, además de sus propios intereses, los intereses de todo el colectivo, el concepto y la marca que representan.

De esa forma, lejos que adquirir una franquicia representa una opción de montar un negocio para llevarlo con calma, con desprendimiento y que significa una operación automática que implica poco compromiso, una franquicia conlleva una gran responsabilidad para consigo mismo y para con muchos otros. Por ello la mejor forma de describir el grado de compromiso que debiera tener un franquiciado para con la unidad instalada, acudimos a una idea que reza: si un negocio no tiene detrás alguien que se levante temprano pensando en él, pase el día pensando en él, se acueste tarde pensando en él y, en el mejor de los casos sueñe con él, difícilmente llegará a ser un gran negocio.